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Alianzas estratégicas y la Articulación interinstitucional, dos instrumentos complementarios al fomento de la bioeconomía”

Autor: Manfred Ebertseder

Alianzas estratégicas son acuerdos realizados por dos o más partes para alcanzar un conjunto de objetivos. La finalidad es lograr sinergias en el alcance de una meta común, sin la necesidad de formar una nueva organización conjunta.

Es muy importante tomar en cuenta e integrar el tema de las alianzas en la estrategia de negocios que realice una empresa para mejorar los productos y servicios, entrar a nuevos mercados, apalancar nueva tecnología y poder invertir en la Investigación y desarrollo de nuevos productos. Las alianzas estratégicas hoy en día son una necesidad, debido a la creciente variación en los mercados y de requisitos.

Lo que es válido para la industria en general, es imperativo para emprendimientos que se basan en la biodiversidad, sobre todo en un país como Ecuador, que ha reconocido la biodiversidad como un recurso estratégico que forma parte de la nueva matriz productiva. Pero antes de ver el tema de Alianzas estratégicas más de cerca, es necesario reflexionar un poco sobre el entorno institucional, que forma el marco o paragua para que estas alianzas se pueden dar en la práctica.

En muchos países del mundo se reconoce, que sobre todo las materias primas y energías a futuro tienen que ser sustentables, quiere decir renovables y producidos sustentablemente. Velar por este fin demuestra el ejemplo de Alemania, en donde se ha formado en 2009 un Consejo Nacional de Bioeconomía, que encuentra en los países federales de Alemania sus homólogos respectivos. El consejo, formado de integrantes de Universidades, Institutos, Escuelas de Negocios y del sector privado, asesora al Gobierno Nacional en la implementación de una economía basada en factores bióticos. Lleva a cabo un diálogo abierto con la sociedad civil y da recomendaciones de cómo se deben fomentar Investigación y Desarrollo, y en qué parámetros se debe orientar la formación profesional en los diferentes niveles. A través de sus dictámenes, da las bases para un programa marco “Bioeconomía 2030” para lo cual el Gobierno Alemán ha destinado 2.4 mil millones de Euros.

Vale la pena mencionar en este contexto un estudio de NABU (2011), la Unión para la Protección de la Naturaleza (por sus siglas en alemán), que crítica a este consejo en el sentido, que en casi todos los casos, según NABU, se limita a soluciones tecnológicos sin cuestionar los problemas ambientales actuales, consecuencia de un estilo de vida excesivamente consumista de los recursos naturales y basado en el dictamen de un permanente crecimiento económico.

Se menciona este estudio porque es de importancia, al formar un consejo semejante, pensar desde el inicio en los objetivos propuestos – soluciones tecnológicos únicamente, o considerar y desarrollar además modelos alternativos basados en un ambiente sano y no solo dictados por el crecimiento económico.

El Ecuador también ha realizado grandes esfuerzos al respecto: Acorde a un informe de la Subsecretaría de Patrimonio Natural de la anterior administración del Ministerio del Ambiente, existe una visión política y estratégica entre diferentes instituciones (SENESCYT, SENPLADES, MIPRO, MAG; y otras entidades públicas, privadas, académicas y de cooperación). Esta visión se manifiesta por ejemplo en la Agenda Nacional de Investigaciones en Biodiversidad, formulada entre SENESCYT, Instituto Nacional de Investigación sobre la Biodiversidad (INABIO) y varias universidades públicas y privadas. La Agenda en este caso, da énfasis a la bioprospección y la investigación orientada al desarrollo de la bioindustria en el Ecuador. Según el informe, el estado ecuatoriano a través del Programa Nacional de Financiamiento para la Investigación (INEDITA) financió en el año 2018 varios proyectos orientados hacia la bioeconomía y sus disciplinas conexas (Alfredo López, febrero 2019).

De la misma manera, el informe nos indica que entre los Ejes de la Política Ambiental hay una línea de acción que es la articulación intersectorial (MIPRO, MAG, CANCILLERIA, COMERCIO EXTERIOR, SECTOR FINANCIERO) con la finalidad de fomentar bioemprendimientos y la bioindustria. Asimismo, acorde al informe, la Subsecretaría de Patrimonio Natural entre mayo 2017 y febrero 2019 desarrolló una visión estratégica que incluye la construcción de la Política Pública sobre Bioeconomía, la creación de un Fondo Nacional de Bioemprendimientos, el desarrollo de normas técnicas para generar incentivos, y la promoción de alianzas público-privadas. Es de esperar que estas valiosas iniciativas se dé seguimiento necesario en las futuras administraciones de la Institución y faciliten la formación de alianzas entre los emprendimientos y la investigación, sobre todo.

Qué entonces tiene que ver la articulación interinstitucional o un consejo de bioeconomía con las Alianzas estratégicas? La respuesta es ¡mucho! O ¡todo! Sin un paragua nacional institucional que ayuda a formular políticas públicas, que ayuda a orientar en la formación profesional y enseñanza, y que da recomendaciones sobre el fomento de investigación y desarrollo, éstas alianzas no se darán, pese a que puedan existir algunas iniciativas puntuales, o pilotos, como acostumbramos a decir.

Ya existen interesantes ejemplos de alianzas estratégicas relacionadas directamente con una cadena de valor o un proyecto vinculado: Para el autor de este artículo, el más prominente ejemplo en Ecuador es una iniciativa de ADE SUR en Loja con una especial alianza entre UTPL, la Fundación NCI, una Asociación Comunitaria de productores de semillas de Palo Santo y la empresa brasilera NATURA. En esta alianza, la empresa privada durante varios años, pagó 4 veces el valor del aceite destilado de Palo Santo para co-financiar la investigación y el desarrollo de productos con un mayor valor agregado, en este caso de un repelente natural. El potencial de alianzas sobre todo entre investigación y la empresa privada es enorme y depende de la creatividad innovadora de los actores. Aquí algunos ejemplos más:

– El desarrollo de abonos orgánicos y biopolímeros basadas en residuos de la producción de azúcar, como es el caso de una Unión de Investigación germano-brasilero con el auspicio del Ministerio Federal para Educación e Investigación entre 2015 y 2018, con la participación de ocho socios alemanes y cuatro brasileros de investigación y del sector privado.

– En muchos casos por la creciente complejidad de contaminantes químicas, los métodos convencionales no alcanzan limpiar aguas servidas de residuos dañinos. Una alianza entre una universidad, un representante de la industria y un Instituto afín al tema logró desarrollar un filtro de aguas servidas, basado en enzimas de hongos que descomponen xenobióticos, que son sustancias químicas ajenas a un organismo por ejemplo fármacos o carcinógenos químicos, entre otros.

– La producción de agentes tensioactivos a base de algas marinas, destinados a la higiene corporal, que se basa en la extracción de azucares de las algas a través de procesos biotecnológicos, igual como resultado de una alianza entre una universidad y una empresa privada de cosméticos.

– La alianza estratégica llamada NatLifE 2020, “Natural Life Excellence Network 2020”, en que se han aliado 22 Instituciones de investigación y empresas privadas, para explorar la naturaleza en cuanto a extractos vegetales de bajos valores caloríficos, que intensifican los sabores de azúcar o sal para disminuir estos componentes en los alimentos sin que sufran los sabores.

La visión política sobre la articulación de actores a nivel nacional, con el debido seguimiento de lo logrado hasta el momento, como consecuencia lógica debería plasmarse físicamente en una mesa temática o un consejo, y en un Fondo Nacional de Bioemprendimientos, como lo propone la visión estratégica del MAE, que cumplan exactamente estas funciones de fomento a través de asistencia técnica y científica, la formulación de políticas y la formación de alianzas a nivel local o regional, en el sentido de los ejemplos antes descrito.

Ecuador, y así se lo reconoce en la Agenda Nacional de Investigaciones en Biodiversidad al poner énfasis en la bioprospección, está lleno de oportunidades y potenciales innovaciones basadas en su mega diversidad biológica.

Equipo de acuaponía para producir en un ciclo cerrado peces y tomates.
Foto: Instituto Leibniz



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Reflexiones sobre el Enfoque de Género y la Bioeconomía

Por Monica Navas – Doctora en Jurisprudencia y Abogado de los Tribunales del Ecuador

Cuatro conceptos son clave para entender cómo articular el enfoque de género y la bioeconomía. Primero, el concepto de Bioeconomía lo entendemos como el conjunto de las actividades económicas de las que podemos obtener productos y servicios generando valor económico utilizando de manera ecoeficiente y sostenible los recursos de origen biológico. La biodiversidad es un recurso estratégico que puede y debe generar ingresos para el país. Segundo, el concepto de Biocomercio se refiere al conjunto de actividades de recolección y/o producción, procesamiento y comercialización de bienes y servicios derivados de la biodiversidad nativa, bajo criterios de sostenibilidad ambiental, social y económica. Tercero, Biocomercio Sostenible es el desarrollo de negocios innovadores y competitivos, basados en el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad nativa, a través de lineamientos claros y una estructura institucional fuerte que promueva los principios de Biocomercio. Finalmente el enfoque de Género “considera las diferentes oportunidades que tienen los hombres y las mujeres, las interrelaciones existentes entre ellos y los distintos papeles que socialmente se les asignan. Todas estas cuestiones influyen en el logro de las metas, las políticas y los planes de los organismos nacionales e internacionales y por lo tanto, repercuten en el proceso de desarrollo de la sociedad. Género se relaciona con todos los aspectos de la vida económica y social, cotidiana y privada de los individuos y determina características y funciones dependiendo del sexo o de la percepción que la sociedad tiene de él

Por Monica Navas

Tomando las afirmaciones de  Casado y Mielgo (2007),  quienes indican que “desde los años 70 los procesos de trabajo con comunidades campesinas han sido muy criticados por su incapacidad de ofrecer respuestas a los sectores más vulnerables (personas en condición de pobreza, mujeres, etc.)” consideramos que la inserción del enfoque de género en procesos de bioeconomía, biocomercio, y en general dentro un marco de biodesarrollo, debe ser un elemento catalizador de procesos que empoderen y mejoren las condiciones socioeconómicas de jóvenes y mujeres, dentro de un entorno de respeto al uso de su tiempo y a sus consideraciones culturales, para el logro de un mejor bienestar de sus grupos familiares.

Para ello debemos partir de dos conceptos, el de Igualdad, como el fin último al que debemos aspirar y el de equidad de género, que justifica la realización de acciones afirmativas que favorezcan específicamente a las mujeres, con el objetivo de compensar la brecha que se haya identificado en relación al acceso a oportunidades de desarrollo, participación e igual disfrute de los beneficios.

En este sentido, es necesario promover acciones con enfoque de género como: líneas base desagregadas por género, etnicidad y edad, planes de negocios relacionados a cadenas de valor con enfoque de género, capacitaciones específicas en temas contables, financieros, administración, gestión de la comercialización y sistemas óptimos de monitoreo y seguimiento de negocios de biocomercio, participación en distribución de beneficios equitativos dentro de sus propias comunidades de negocios derivados de la bioeconomia, considerando su diversidad en un marco de gobernanza incluyente  de la bioeconomía.

Empoderar a jóvenes y mujeres, de preferencia indígena, mediante acciones positivas, proyectos específicos y el abordaje familiar  son elementos clave para optimizar el acceso equitativo y eficiente  a beneficios sociales y económicos de negocios de la bioeconomia, junto con acceso oportuno a mercados,  información, créditos, y recursos económicos dirigidos a promover planes de negocios, lo cual redunda en la mejora de su  situación económica y su capacidad de autogestión lo cual brinda sostenibilidad a cualquier acción de desarrollo en su territorio.

Para finalizar hay que indicar que si bien las diferencias de género definen responsabilidades, roles y derechos, también señalan oportunidades de gestión de negocios exitosos con los recursos naturales. Las mujeres y los hombres tienen diferentes formas de relacionarse con la naturaleza y sus recursos; así mismo tienen necesidades e intereses diferenciados, lo que supone que en la búsqueda de mecanismos de transformación de los conflictos socio ambientales, estas diferencias deban ser contempladas. (Vallejo, 2014)  Las  mujeres  indígenas principalmente  tienen  un  rol importante  en  la  transmisión  de  valores/ética  en  la  relación  con  la naturaleza;   en  la  transmisión  de saberes  relacionados  con  el  manejo de  la  biodiversidad;   tienen conocimientos  especializados  sobre especies,  semillas,  etc… ;  Las  mujeres  tienen  una  importante contribución  a  través  de  su conocimiento  ancestral  sobre  la biodiversidad;   desempeñan  un importante  rol  en  la  conservación  de la biodiversidad,  en el uso sostenible de los recursos. (Vallejo, 2014)

BIBLIOGRAFÍA

  1. Granizo, Tarsicio. Negocios y Biodiversidad, Ministerio del Ambiente 2017
  2. Torres, B., M. Radice, S. Ochoa-Moreno y K. Cueva (Eds.) 2017. Primer seminario de economía de recursos naturales y biocomercio: oportunidades y desafíos. Libro de memorias. Universidad Estatal Amazónica. Programa Economía de Recursos Naturales y Desarrollo Empresarial. Puyo, Ecuador..
  3. Pedrero,Mercedes. Género y Estadísticas Agropecuarias. FAO 1996
  4. Vallejo, Ivette. Género y Conflictos Socio Ambientales, 2014
  5. Guzmán Casado, A. M. Alonso Mielgo. La investigación participativa en agroecología: una herramienta para el desarrollo sustentable. 2007



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Aceites esenciales, Bioeconomía y Academia. Experiencias de nuevos modelos productivos en áreas ricas en Biodiversidad.

Por Matteo Radice – Docente Investigador Universidad Estatal Amazónica (Puyo, Pastaza, Ecuador)

El mercado global de los aceites esenciales está en continuo crecimiento y eso debe ser un mensaje motivante para muchas experiencias familiares, cooperativas y PYMES que en Ecuador se dedican a este tipo de producción. En una investigación de Cinzia Barbieri y Patrizia Borsotto1, investigadoras respectivamente de la Universidad de Torino (Italia) y de CREA (Council for Agricultural Research and Economics), se ha identificado que en el 2017 la producción mundial de aceites esenciales estimada ha sido de 150,000 toneladas, valoradas en alrededor de USD 6.000 Millones, lo que representa triplicar el volumen productivo desde 1990 (45,000 toneladas). La Unión Europea es el mayor importador mundial de aceites esenciales, con Francia, Alemania y el Reino Unido como principales países involucrados. La demanda procede principalmente de los siguientes sectores: alimentos y bebidas (35%), fragancias, cosméticos y aromaterapia (29%), hogar (16%) y farmacéutico (15%).

La producción de aceites esenciales es difundida en los países con elevada biodiversidad y Ecuador es un ejemplo de esta afirmación, presentando un abanico de productores procedentes de varias provincias. La producción de aceites esenciales permite el desarrollo de empresas con dimensiones y enfoques diferentes pero siempre con un fuerte vínculo con el territorio local, su biodiversidad, sus culturas y saberes ancestrales. En muchos casos, a la producción en gran escala se privilegia un modelo productivo comunitario, basado en la presencia de varias unidades productivas de pequeñas dimensiones pero enfocado prevalentemente a un modelo asociativo de los productores y transformadores locales. En este contexto se pueden mencionar la Fundación Chankuap2, con su trayectoria de producción amazónica, la renombrada Microempresa de Aceites Esenciales de Salinas de Guaranda3 en el Páramo, la exitosa experiencia de producción de aceite de Palo Santo de la Asociación Comunitaria Bolívar Tello Cano y de la Fundación Naturaleza y Cultura Ecuador (FUNACE) en Loja4 (de antemano pido disculpa a otros proyectos o experiencias no mencionadas). Asumiendo que la Bioeconomía pone en el centro de la matriz productiva a la Biodiversidad, los bosques que la albergan y la gente que los cuida”, como bien menciona el presente blog, es evidente como el desempeño de hombres y mujeres conocedores del territorio han generado experiencias productivas que merecen una mayor atención. A este punto la inmediata pregunta del lector podría ser la sostenibilidad económica de estas experiencias, su volumen facturado, las ganancias producidas, las proyecciones de venta y unos parámetros más que estimulan nuestra racionalidad y la mayor o menor formación económico-financiera que podemos tener. Desde mi perspectiva de químico orgánico, que se dedica a la investigación de los productos naturales y a su implementación en proyectos de Biocomercio5, estás preguntas tienen un valor relevante pero se percibe la necesidad de agregar otros enfoques, adquiridos posiblemente de las ciencias sociales. Por lo tanto respeto de la sostenibilidad económica (Revisen el Principio 4 del Biocomercio), con la misma urgencia deberíamos preguntarnos cuantas familias fueron beneficiadas, como el las asociaciones influyeron en las relaciones entre los productores, como la producción de aceites impactó la conservación del bosque y un sinnúmero de preguntas adicionales que apuntan a la sostenibilidad social y ambiental. Ese entramado de informaciones multidisciplinarias obliga a la Academia a un esfuerzo común con los productores, y de hecho quien conoce la trayectoria de los proyectos mencionados conoce también que varios científicos han acompañado estas experiencias aportando conocimientos, adquiriendo valiosas informaciones para sus artículos científicos, compartiendo a veces éxitos y fracasos del complicado camino al desarrollo productivo. Se ha hecho bastante y mucho falta por hacer, en el esfuerzo de las universidades nacionales por vincularse con el territorio, encuentra en el sector de los aceites esenciales un valioso abanico de casos de estudio que permitirán realizar otras investigaciones, involucrar estudiantes, asesorar al sector público en la argumentación de nuevos programas productivos y políticas regionales. Finalmente, la cantidad de datos, tesis y artículos realizados y futuros posiblemente generará debates, conflictos entre expertos de las diferentes disciplinas e innumerable cantidad de informes y opiniones. Después de casi dos décadas de experiencia en la Amazonía Ecuatoriana esto no debe asustar, hay que asumir que es parte de una dinámica en la cual las múltiples experiencias familiares, cooperativas y PYMES que en Ecuador se dedican a la producción de aceites esenciales, prosperan, resisten, se multiplican y representan un modelo de resiliencia y  desarrollo local.

Referencias

  1. Barbieri, Cinzia & Borsotto, Patrizia. (2018). Essential Oils: Market and Legislation. 10.5772/intechopen.77725.
  2. http://chankuap.org/
  3. http://www.salinerito.com/productos/aceites-esenciales
  4. http://www.naturalezaycultura.org/spanish/htm/news/2016-01-Asociacion.htm
  5. UNCTAD 2007
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Bioeconomía y la Sostenibilidad de la Producción primaria

La bioeconomía en los últimos años ha ganado importancia como una oportunidad de ingresos para la población rural del Ecuador. Sin embargo, “Bioeconomía” abarca un concepto desde la sustitución de energías fósiles por energías renovables, la sustitución del plástico por materiales naturales, hasta productos de alimentos, de salud, etc., basados en biomasa producida sosteniblemente.

Bajo este concepto amplio, la Bioeconomía a primera vista promete muchas oportunidades, tanto para la conservación de los recursos naturales, cómo para un mejor desarrollo económico, a nivel macro, por ejemplo en el cambio de la matriz productiva nacional, o local, a nivel micro, con innovadores emprendimientos, la construcción de cadenas de valor y la mejora de los ingresos de la población rural.

Sin embargo, la bioeconomía con un enfoque en la megadiversidad de los recursos biológicos trae desafíos, que tienen que ser atendidos para que pueda ser aprovechada para el bien de la población local. Uno de ellos es la bioprospección, como ya se ha analizado en artículos anteriores. A esta se pone en fila una larga lista de actividades de fomento, que tiene que ser considerada. Una de estas es por ejemplo:

Lograr una producción primaria para las cadenas de valor, que pueda cumplir con las exigencias cuantitativas y cualitativas de los mercados, y que sea sostenible tanto económicamente para el productor, como ambientalmente para la conservación de los recursos naturales”.

El sistema normativo actual para el aprovechamiento de productos no maderables procedentes del bosque nativo, exige un plan de manejo para cada especie en uso. El plan de manejo además tiene una vigencia de un año. Poniéndonos en la situación de una comunidad productora, este o estos planes de manejo debe elaborarlos un consultor, generando un gasto, que en muy pocas excepciones puede ser asumido por propia cuenta de la comunidad. Bajo estas circunstancias es solo natural que la gran mayoría de las producciones de materias primas procedentes del bosque nativo se realizan en la clandestinidad, un gran obstáculo para una planificación empresarial continua y sostenible.

Eso afirma un diagnóstico sobre cadenas de valor en comunidades de Socio Bosque en 2015/16, en donde únicamente tres especies de las 70 cadenas de valor identificadas, en aproximadamente 40 comunidades entrevistadas, disponían de un plan de manejo, y en donde para solo 10 emprendimientos existían al menos acuerdos internos que fijaban cuotas de extracción de las especies respectivas.

Fomentar la bioeconomía en estos niveles locales, significa entre otros, asegurar una producción legal, continua y organizada de biomasa. Para este fin, la autoridad ambiental debe considerar exigencias viables para el productor, tomando el ejemplo del sector forestal maderero, – elaborar programas de manejo de una vigencia de por ejemplo 10 años, con sus respectivos inventarios, y acorde a la capacidad de carga de cada especie, una definición de la cantidad de biomasa que puede ser extraído durante la vigencia de este programa. Para asegurar la sostenibilidad de cada especie, la extracción real debería fijarse en un plan de aprovechamiento anual, que se basa en un monitoreo de las especies en uso y en un registro respectivo de extracción.

El conocimiento sobre el potencial de la producción primaria a mediano y largo plazo debería constar en los bancos de datos relacionados con los Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territoriales, para facilitar una planificación empresarial sostenible, sino ayuda a cumplir con las demandas de los mercados nacionales e internacionales. Y no solo beneficia a la comercialización y a la planificación de los negocios, sino ayuda también a lograr una distribución más equitativa de los beneficios, ya que reduce los riesgos del empresario por tener que vivir con circunstancias de negocios que se basan en oportunidades momentáneas e inciertas.

Manfred Ebertseder, Ing. Forestal



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Biocombustibles y alimentos

Esta comunidad reune los análisis y discusiones que vinculan los biocombustibles con el hambre? Como abordar las causas?
“Reformar las políticas sobre biocombustibles, regulación financiera y cambio climático”. “Parece necesario incrementar la producción de alimentos, aumentar el número de países productores, y establecer reservas mundiales de alimentos, así como mejorar la información de los mercados”, es la opinion de Máximo Torero, director de la división de mercados del IFRPI. “Los precios de los alimentos siempre han subido y bajado, pero estas acciones permitirán evitar cambios drásticos y servirá para proteger a los más pobres, los más vulnerables”.