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Ahorro rural “de la gallina al árbol”

La agricultura y ganadería familiar de subsistencia, dedicada a la producción de granos, animales menores, incluso la ganadería se han visto afectados sus ciclos de producción a causa de la variabilidad del clima; sequías y lluvias excesivas, se alternan causando situaciones críticas de inseguridad alimentaria y perdidas económicas difíciles de anticipar. La variabilidad climática característica del cambio climático como se lo conoce en la actualidad, requiere de especies vegetales y animales que le permitan a las familias rurales ser más resilientes. Queda dicho que la variabilidad climática, no solo vulnera la soberanía alimentaria, sino que debilita los sistemas de comercialización y de ahorro rural.

La subsistencia familiar rural depende de la agricultura, ganadería y de la actividad forestal. Cada una de estas actividades es caracterizada de manera diferente, por ejemplo, según el tiempo de trabajo que demande al campesino. El tiempo del trabajador rural mayoritariamente es aplicado a la agricultura y la actividad pecuaria. Salvo raras excepciones la actividad forestal demanda menos tiempo de trabajo en el corto plazo.

La familia rural, como toda familia debe dar respuestas financieras a situaciones cotidianas planificadas (asi como no planificadas) como el inicio de clases de los niños, el casamiento de un hijo o de un familiar cercano, o las fiestas de fin de año; estos eventos extraordinarios requieren flujos de financiamiento que salen de lo común, es entonces que se venden las especies de corral, fungiendo estas como instrumentos de ahorro. Lo cierto es que desde la gallina a la vaca; el cerdo, el cordero y todo animal de corral es más que un bien de consumo o subsistencia: es en esencia un instrumento de ahorro.

Las especies que se adquieren para crianza en granja son en parte bienes de subsistencia, en parte para comercio y en parte como instrumentos de ahorro que solventan eventualidades familiares. En todo caso, a nivel familiar, más allá de la percepción de las familias, la producción pecuaria es también un instrumento de ahorro, antes que un modelo de producción, donde exhaustivamente se lleven a cabo ejercicios de costos de elaboración y sobre esta base definir precios de venta.

La siembra y cosecha de cultivos de ciclo corto como lo son yuca, maíz, arroz, papa, quinua, entre otros, incluso cultivos permanentes como caña de azúcar y banano, son productos para subsistencia y para comercializar. El consumo de subsistencia suele incluir la alimentación de la familia y de los animales de corral; por ejemplo el maíz, banano, yuca y caña de azúcar se emplea para alimentación de animales menores (i.e. gallinas, cerdos) y de ganado vacuno.  

En este contexto se involucra a los árboles, sean estos plantados por algún familiar visionario 10 años atrás o de los bosques primarios remanentes vecinos de comunidades y poblados. Los árboles son parte de los sistemas de ahorro rurales, insisto, no porque las comunidades así lo perciban, sino porque en la práctica son sacrificados en momentos excepcionales; lo que incluye los momentos de crisis o de necesidad económica.

Además de cubrir eventualidades, el ganado suele constituirse como garantía de pago de créditos en el sistema financiero. Es así que, la tenencia de semovientes es utilizada como instrumento para garantizar el pago de obligaciones crediticias. En este sentido la actividad pecuaria suele servir para acceder al crédito y financiar la adquisición de máquinas y herramientas que mejoran la productividad del trabajo familiar. Además del ganado, los técnicos extensionistas están haciendo esfuerzos para que los bancos acepten como garantías a los arboles de una finca. Este nuevo rol para ciertas especies forestales puede impulsar sistemas productivos que visibilicen a los arboles como parte de su sistema financiero.

En síntesis, al momento de planificar el desarrollo de un sistema productivo agropecuario y forestal, este debe entenderse como un sistema que busca el equilibrio entre ingresos y necesidades familiares en el corto, mediano y largo plazo. Entonces deben coordinarse los ingresos del sistema productivo (sean estos monetarios o físicos) con las necesidades de subsistencia, de mediano y largo plazo de las familias. Cualquier variable que afecte el sistema productivo (i.e. sequias o inundaciones) o las necesidades familiares (i.e. nacimiento de un niño) llevaran a un nuevo esquema de equilibrio entre ingresos y necesidades.    

Ariel Silva

2 comentarios en “Ahorro rural “de la gallina al árbol”

  1. Mucha gratitud al Sr. Silva que nos facilita toda esta información y nos capacita día tras día
    para mejorar la productividad familiar.

    1. Abrazo querida Nelly!

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